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Hexagrama 63: La Inercia

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Nombre original en la edición de Wilhelm: Después de la Consumación

Descripción

Abajo, el fuego; Arriba, el agua. Por dentro las cosas están claras, pero lo que espera afuera es ciertamente desconocido y puede esconder peligros. La citada claridad interior puede inducir a pensar en que se controla la situación cómodamente, pero esta sensación puede ser engañosa.

La situación es como la de una empresa exitosa que ha alcanzado sus objetivos y, embriagada por el triunfo, experimenta una profunda renovación en sus políticas. Se abandonan viejos métodos obsoletos y se adoptan otros nuevos y, en principio, más eficaces. Del mismo modo, el organigrama sufre profundos cambios. También se puede comparar con la situación de un nuevo rico que aspira a cambiar de ámbitos. Pero hay que recordar que una persona noble es capaz de superar un fracaso; pero una persona vulgar jamás supera un triunfo. En definitiva, estamos hablando de las decisiones a tomar tras un cambio profundo de situación.

Todo va bien y avanza por sí mismo, pero la situación no deja de ser rotundamente nueva. Aunque las líneas directrices estén claramente delimitadas y en el lugar que les corresponde, hay una necesidad de completar la adaptación, puesto que muchos pequeños detalles están todavía por perfilar y otros son herencia del anterior estado de cosas. Se puede decir que hay intentar ubicar y ubicarse.

El problema surge precisamente a raíz de esos elementos aparentemente sin importancia que aún están en el aire y no acaban de encontrar su sitio, que en muchos casos debería ser el cubo de la basura. Si no se presta atención a ellos, pueden acabar escapando a nuestro control y comprometer la totalidad. Es por ello que tenemos el deber de identificarlos y la oportunidad de hacer algo útil con ellos.

La edición de Wilhelm sugiere como imagen una máquina de vapor: el fuego de debajo calienta al agua de arriba y se genera vapor a presión que impulsa a una locomotora que hace avanzar a la situación. En principio todo funciona correctamente; pero si por cualquier motivo la caldera rompe y el agua se derrama, esta apagará al fuego. Si el fuego es demasiado intenso, la caldera explotará. Si el tren va demasiado deprisa, descarrilará. Es por ello que hay que estar vigilante.

En todo caso no hay que olvidar que un tren que avanza deprisa posee una gran inercia. Cambiar el sentido de la marcha está vedado. Frenar en caso necesario puede ser difícil. Y en caso de accidente, las consecuencias pueden ser catastróficas.

Las líneas

1

Uno es consciente de las dificultades de ir demasiado deprisa y por tanto decide frenar ligeramente el avance. Es esta una actitud sabia, pues es sugerida por la precaución. Desde un ritmo pausado es más fácil ver con claridad el camino que seguimos y el paisaje que nos rodea. Es por esto que no debe ser uno demasiado ambicioso. Las cosas todavía están muy verdes y no se puede pretender avanzar demasiado lejos o marcarse grandes objetivos pues es fácil enredarse.

2

En épocas de transición es habitual que tanto las actitudes como las posiciones de las gente que a uno le rodea experimenten un cambio. Algunas personas se ocultan, otras se embriagan con el éxito, otras intentan sacar ventaja de la situación. No es el momento de intentar afianzar relaciones; tampoco de desprenderse de ellas. Es el momento en que unos se ponen caretas, otros se las quitan. Hasta que la situación no se estabilice no va a estar claro quién es quién y qué lugar debe ocupar. Sólo entonces sabremos quien sigue a nuestro lado y a quien merece la pena dirigirse.

3

Uno está tentado a crecer más allá de lo que es conveniente. Ciertamente existe la posibilidad de una gran expansión. Pero en este caso no hay que olvidar el viejo refrán: “El que mucho abarca, poco aprieta”. Si crecemos más allá de todo control, llegaremos a una situación difícil de manejar. Del mismo modo no es buena idea rodearse de gente con la que no nos fiamos mucho pero que pensamos puede sernos útil. Llegado el momento su propia ambición puede chocar con la nuestra.

4

Es necesario abandonar viejos modos de actuación. Lo que era válido en la condición anterior, no lo será en la nueva. Si mientras la empresa era familiar la gestión era paternalista, ahora que es grande esa actitud no será bien recibida y provocará problemas. De todos modos, cualquier equivocación en este sentido será fácil de subsanar, ya que los requerimientos del tiempo son muchos y no hay problema en relegar estas cuestiones a mera anécdota; al menos la primera vez. Pero es necesario estar muy pendientes de estos episodios para que no vuelvan a manifestarse.

5

En una situación de crecimiento es muy fácil caer en la tentación de invertir nuestros esfuerzos en la grandiosidad y el autobombo, intentando proyectar una imagen pública de triunfo y carisma. Sin embargo es mucho más sabio centrarse en las cuestiones esenciales: infraestructuras, logística, recursos, objetivos. Esas son las cosas importantes. Es muy curioso cómo en la edición de Wilhelm se hace referencia a una comparación entre un hombre del este y otro del oeste. Mientras el primero es el que cae en artificios, el segundo presta atención a lo esencial.

6

Existe la tentación, durante todo el proceso, de echar de menos la situación anterior y no abandonar ciertas actitudes que no cuadran en el nuevo entorno. Pero es muy peligroso quedarse anclado en la antigua mentalidad y las antiguas costumbres. Esto no debe suceder. Uno debe mirar hacia adelante. Del mismo modo, es posible encontrarnos con personas en situaciones como la que hemos dejado atrás; no se debe alardear de nuestra suerte ante ellas, o peor aún, hacerlas sentir mal.